Sila 2013

MICRORRELATO EN EL ATLÁNTICO

A Rubén R. De Cándido

Faltaba un cuarto de hora para las siete de la tarde, y un escritor que se precie tenía que sacar la pluma allí.

Estábamos bajo la fachada del Casino, donde otrora Juan Manuel se hacía lustrar los zapatos por un betunero

de esquiva mirada y gran conversador. Sonó la campana de la torre del Cabildo. Charlábamos bajo unos paragüitas.

El lugar es frecuentado ahora por gente muy jóven. En la mesa de al lado pidieron una Coronita. Y una de las

muchachas preguntó:

— ¿A qué sabe eso?

Fueron días muy especiales con Jojo, Soliño haciendo preguntas certeras, Juan Manuel agradeciendo

que se hiciera un homenaje digno a Amadou; y tantas y tantas anécdotas que ocurren siempre que se reunen

poetas y artistas. Quizá la gente no esperaba que del subsuelo de una cultura secuestrada y dependiente eclosionara

el gótico aullido jazzístico de aquellos gatos de toda la vida. Y estaba disfrutando allí en el Atlántico como Isaac frente a un

vermouth con aceitunas en Las Ramblas. Entre recuerdos libaneses y un cucurucho de maní. Hablando de la guerra

en Oriente próximo. De la emoción de Hegel, de comentarios racistas de grandes hombres de la cultura y la ciencia.

De arte y poesía, de vates de una gran obra pero no muy acertados en la rapsodia. Pero era la hora de partir hacia

la charla de la caboverdiana Vera Duarte. La tarde era calurosa, tal como se había presentado el día. El aforo estaba completo.

Y no cabía un alfiler. Había que transitar entre estudiantes y lectores hasta un reducto cubierto por grandes y verticales cortinas,

y abrirse paso entre los asistentes. Cubrir un debate con una Nikón sin flashes perturbadores.

Y recordar…el convento, la exposición de libros, la música, los gestores culturales. El recital poético en Aguere, y lo que no se vé:

las entrevistas radiofónicas, el equipo de sonido, los medios. El montaje, la librería, los micrófonos y paneles.

La prueba de sonido. Y sobre todo el público, ese gran protagonista. El objetivo cumplido que recreó tantas atmósferas indelebles

en nuestra frágil retina.

© Roberto Cabrera

Sila 2013

Sila 2013___rubenrdc ©

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